Producirá cientos de millones de choques frontales de partículas a una velocidad próxima a la luz El CERN informó a través de su página web que el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) se puso en marcha en torno a las 22.00 h de este viernes. Una vez que el LHC funcione a pleno rendimiento, presumiblemente a principios de 2010, producirá cientos de millones de choques frontales de partículas a una velocidad próxima a la luz.
En ese momento se recrearán los instantes posteriores al Big Bang, lo que dará informaciones claves sobre la formación del universo y confirmará o rebatirá la teoría estándar de la física, basada en el bosón de Higgs.
La existencia de esa partícula, que debe su nombre al científico que hace 30 años predijo su existencia, se considera indispensable para explicar por qué las partículas elementales tienen masa y por qué las masas son tan diferentes entre ellas.
El experimento consistirá en ir aumentando progresivamente la potencia de la circulación de los protones
La circulación de partículas por el LHC se está haciendo en un primer momento a baja energía, unos 450 GeV (gigaelectrones volt), y cuando los científicos inyecten haces en direcciones opuestas se producirán, a esa velocidad, las primeras colisiones.
A partir entonces, el experimento consistirá en ir aumentando progresivamente la potencia de la circulación de los protones, hasta llegar al momento más esperado y temido por algunos: las primeras colisiones de partículas a velocidad cercana a la de la luz, lo que se calcula que podría ocurrir para enero.
Cuatro grandes detectores -también llamados experimentos- que están situados a lo largo del túnel, serán los encargados de registrar la información que produzcan las colisiones, en la búsqueda de los misterios del universo.
El hoy...no llego a apreciarlo,
Siempre que me pongo a pensar en ello...
es como si no pudiera adelantar acontecimiento.
No logro disociar los tiempos nuevos...
La gran Odisea de la vida,
contada en diversas personalidades...
...Al que sólo gusta vivir intensamente,
y anualmente en sus sueños viajar,
en un galeón de Manila si acaso,
a una playa Ibérica llegar...al sureste,
donde hace más calor en Marzo...
De España me gusta el Mediterraneo...
("De América del Norte el lago Hurón,
porque allí vivian los indios hurones")...
Mi mar es un mar cálido,
al que temo encontrar tranquilo e indiferente...
...Mares Jónico,Adriático y Egeo,
más compartimentos para el Mar Mediterraneo,
que gracias a la construcción del Canal de Suez,
siguió calentando y navegando lleno de belleza,
Finalmente tropiezo con el mito de Medusa...
leyendo me imagino,en la playa,
una Gorgona,cuya mirada es mortal,
Perseo le cortó la cabeza,
cubierta de serpientes y de aquí nació Pegaso,
otro ser mitológico........................................
De enorme fuerza y hermosas alas,
digno del más culto y loco nacimiento...
"Entre la sangre de Medusa,nació un caballo con alas."
Confinamiento
A raíz del desgraciado accidente, su salud fue empeorando. Pese a ello, y a sus evidentes muestras de inestabilidad, el Rey siguió confiando en las posibilidades de Don Carlos. A partir de 1564, asiste y participa en reuniones del Consejo de Estado, lo que haría en compañía de Don Juan de Austria un año más tarde. No fue ésto óbice para que la actitud hacia su padre se enrareciese de forma ostensible. Ya en cierta ocasión había persuadido a Antonio de Toledo, caballerizo del Rey, para montar un caballo al que éste apreciaba de forma especial. Las heridas que le infligió y la saña con que lo hizo provocaron la muerte del animal.
Eran tiempos difíciles para el rey prudente. Por un lado estaba en entredicho la talasocracia en el Mediterráneo debido al avance otomano, lo que constituía una seria amenaza y en lo referente a los Países Bajos, la convocatoria de los Estados Generales, encabezados por Guillermo de Orange, Egmont y Horn, aconsejaban el envío urgente del duque de Alba para sofocar la rebelión. La decisión exasperó de tal manera al príncipe que llegó a amenazar de muerte al duque, pues el rey, había prometido en 1559 enviar a don Carlos como Gobernador de los Países Bajos. Era el agravio más grande que había recibido de su padre. El embajador francés daba parte de la situación en términos alarmantes, "Si Dios no lo remedia, podría suceder una gran desgracia".
La situación se hizo insostenible. El príncipe se puso en contacto con los rebeldes, había tomado la decisión de encabezar la sublevación. Para llevar a cabo su plan pidió ayuda a don Juan de Austria quien, sin salir de su asombro, intentó disuadirle. El Rey fue informado de inmediato. El 18 de Enero de 1568 Don Carlos se ve sorprendido en sus aposentos por la figura de su padre, acompañado por cuatro miembros del Consejo de Estado, e incorporándose le pregunta: "¿Vuestra Majestad ha venido a matarme?". Tras tranquilizarle le dice que en adelante no le trataría como padre, sino como Rey. A partir de ese momento, quedaría recluido a perpetuidad en las torres del Alcázar de Madrid y aislado de sus amigos y familiares.
Es significativa la carta enviada por Felipe II al duque de Alba justificando tal decisión: “Duque y primo mío: Vos sabéis muy bien cuál es el natural del príncipe, mi hijo, y cuáles sus acciones, para que tenga que detenerme en justificar la medida que acabo de adoptar y explicaros los motivos de mi suprema resolución... En lo que se refiere a mí solo, con sus desobediencias y faltas de respeto de todas clases, habría tenido paciencia, o, al menos, habría empleado otros procedimientos; pero teniendo en cuenta mis deberes para con Dios, para con el bien público de la cristiandad y de mis Estados, he visto en toda su evidencia los inconvenientes, los peligros que podían seguirse en el porvenir, lo mismo que los que ya nos amenazan.”
Durante su reclusión sus amenazas e intentos de quitarse la vida fueron permanentes. Se negó a comer durante semanas, o lo hizo de forma desmesurada en otras ocasiones y estuvo expuesto a bruscos cambios de temperatura. Llegó a tragar un valioso anillo en la creencia de que los diamantes contenían veneno. Su salud se fue deteriorando hasta que, después de haber comido una copiosa empanada de perdices y bebido agua helada en abundancia, fallece el 28 de julio de 1568 a los 23 años de edad.
La muerte de Don Carlos se vio envuelta en un halo de misterio que perdura hasta nuestro días. En 1581 Guillermo de Orange había dirigido su "Apología", redactada por Pedro de Oyseleur, a su acérrimo enemigo Felipe II. La obra hacía referencia a la implicación del Rey en la muerte de su hijo, y dejaba entrever la supuesta relación amorosa de don Carlos con su madrastra Isabel de Valois.
Las desavenencias de sus médicos
En 1561 llega a Alcalá de Henares, donde es enviado por el Rey, tras descartar varios destinos al borde del mar donde tenía pensado enviarle por motivos de salud. Las fiebres cuartanas le tenían maltrecho, al punto que hubo de retrasarse su matrimonio con la hija de los Reyes de Bohemia. Cursó allí estudios con su tío Don Juan de Austria y Alejandro Farnesio. Eran de parecida edad y compartían juegos y confidencias con la joven Isabel de Valois, tercera esposa del Rey, a la que Don Carlos profesaba especial cariño. En su boda con Felipe II, el 2 de febrero de 1560, había sido padrino en compañía de su tía Doña Juana de Portugal, días antes de ser nombrado heredero con toda solemnidad.
El domingo 19 de Abril de 1562 el Príncipe sufrió un grave accidente en Palacio. Tenía la intención de entrar en el aposento de una doncella de servicio cuando, alterado por su nerviosismo y, con seguridad, lascivia “cayó por una escalera oscura y de ruines pasos, echó el pie derecho en vacío y dio una vuelta sobre todo el cuerpo, y así cayó de cuatro o cinco escalones”. Se golpeó en la cabeza contra una puerta, sufriendo una contusión importante y quedando literalmente patas arriba. La lesión, del tamaño de una uña de pulgar, opinamos que, por su tamaño y gravedad, podría haber sido causada por impactar con un remache metálico de los que adornaban las puertas de la época. La primera cura se hace en presencia de sus dos médicos de cámara, los doctores Vega y Santiago Diego Olivares y el cirujano de su casa, el licenciado Daza Chacón, famoso médico y cirujano de la época, formado en Salamanca. Tras ésta, Don García de Toledo envía a Don Diego de Acuña, gentilhombre de cámara, a dar noticia de lo ocurrido al Rey.
Felipe II envió a Don Juan Gutiérrez “protomédico y de su cámara” que llevaba consigo a los doctores Portugués y Pedro de Torres, cirujanos de su Majestad. Éstos llegaron a Alcalá el lunes al amanecer, procediéndose a la cura a las ocho de la mañana, tras lo que tuvo lugar una reunión del equipo médico con Don García. Visto que el Príncipe tenía fiebre y se encontraba en un aceptable estado nutricional previo, ya que debido a las fiebres se había alimentado en abundancia en los meses anteriores, se acordó proceder a una sangría de “hasta siete u ocho onzas de sangre”. Durante los siguientes días tuvo poca o ninguna fiebre, también presentaba un entumecimiento de la pierna, al que no dieron importancia por haberle ocurrido esto en otras ocasiones. Por esto, mantuvieron los médicos una actitud expectante, pues la herida tenía buen color.
El décimo día la herida tenía peor aspecto, estaba más sucia y pronto subió nuevamente la fiebre. Se procedió a nueva cura superficial, lo que hizo que la herida cerrase en falso, reinfectándose. De esto Daza culpa al doctor Portugués, quien realizó la cura, y Olivares pasa sobre ello, sin señalar responsable alguno. En esta situación, hubo general acuerdo en que era preciso desbridar la herida y ampliarla para continuar interviniendo si hubiese lesión interna y permitir el drenaje del material purulento.
Visto esto, Daza sugirió que se fuese a buscar a Valladolid a su maestro en Cirugía, el bachiller Torres, lo que se aprobó unánimemente, enviando Don García un correo a buscarle, con tal diligencia que llegó a los pocos días. Puestos de acuerdo los seis médicos que allí estaban y el bachiller Torres, procedieron a abrir la herida, separándose con gran facilidad el periostio porque estaba tumefacto y pútrido. Hecha la abertura, manaba tanta sangre que no pudieron ver hasta dónde llegaba el daño por lo que no se hizo más que limpiar, hemostasia y cerrar.
A continuación, se envió un correo al Rey dando cuenta de lo pasado y de que no se había avisado antes por no demorar la necesaria actuación médica en vista de la gravedad del cuadro. El Rey partió antes de amanecer el viernes primero de mayo desde Madrid, donde se había instalado la Corte un año antes, rumbo a Alcalá. Le acompañaban sus médicos, los doctores Mena (omitido en la narración por Daza) y Vesalio, y sus hombres de confianza, el Duque de Alba y Ruy Gómez. Llegaron antes de la cura que se hizo en su presencia, escudriñándose el cráneo con gran diligencia y no encontrándose herida en él, no siendo una pequeña mancha a la que quitaron importancia.
Días después se complicó el cuadro apareciendo una gran erisipela con lo que se “apostemó”, inflamó, toda la cara, oreja y ojo, de izquierda a derecha hasta la garganta, pecho y brazos. Esto, al parecer, les dejó tan alarmados que, aplicando el viejo principio de “primum non nocere” colocaron poco menos que paños calientes, discretos cuidados paliativos, medidas dietéticas y adoptaron una actitud expectante.
El enfermo continuó agravándose con fiebre alta que le ocasionó delirios y diarreas “coléricas”, profusas. Vesalio y el doctor portugués opinaron que el daño era interior y que había que “penetrar el casco hasta las telas”, es decir, llegar al menos hasta la duramadre, lo que confirmaría la hemorragia epidural. Los demás opinaban, unos “que el hueso estaba purulento”, lo que indicaría la existencia de una osteomielitis localizada o bien, que la “inflamación externa se había comunicado por las suturas a las membranas del cerebro”. Estamos aquí ante un triple diagnóstico de sospecha, osteomielitis, meningitis o bien hemorragia-hematoma epidural. Descartaron la meningitis, pues “la calentura que vino a su alteza a medio del onceno vino sin rigor” y no hubo vómitos ni convulsiones. Tampoco notaron rigidez de nuca pues “las sequillas que tuvo en el pescuezo en la parte izquierda y el dolor en aquel lugar, fue un flujo catarroso” y achacaron, parece que acertadamente, causa febril al delirio.
Ante el pronunciado agravamiento, se decidieron a trepanar y legrar, comenzando el portugués y siguiendo Daza pues “a los pocos lances me mandó el Duque de Alba que la tomase yo, y fui legrando”, saliendo algo de sangre y poco más. Aquí Daza afirma que “el daño era comunicado y accidental de la fiebre y erisipela” o sea, se abona a la teoría de la meningitis. Estamos ante una situación de riesgo vital del entonces único heredero del Imperio más pujante del mundo.
Había un morisco del Reino de Valencia, Comenge dice que era judío, llamado Pinterete, que poseía dos ungüentos curativos, uno blanco y uno negro más caliente que se mezclaba con el anterior. Se decidieron a emplearlos, dado que alguno de los presentes ya los había usado en casos graves. Hasta entonces, la mayoría se había resistido a emplearlos por dos motivos científicamente impecables que comentan los cronistas, uno que no sabían su composición y usarlos en tan gran Príncipe sin saber qué llevaban no era lógico, y el otro, que no parecía razonable usar los mismos remedios en todo tiempo, edades y complexiones.
Le pusieron los ungüentos antes de que viniese el morisco. El sábado los colocó él mismo. El ungüento negro quemó la herida y despidieron al moro, que se fue a Madrid a curar a Hernando de Vega, “al cuál con sus ungüentos envió al cielo”. El nueve de mayo “estuvo su Alteza tal que ninguna señal fue que no diese de muerte“. Visto el estado del enfermo, optaron por traer en procesión el cuerpo de Fray Diego de Alcalá, un bienaventurado fraile franciscano cocinero del convento local fallecido años antes y lo allegaron a la cama del enfermo. El Rey, preocupado y entristecido por esta situación, se fue a Madrid a rezar a la iglesia de San Jerónimo.
Ya fuese por la trepanación y legrado, por el ungüento del morisco Pinterete, por la intercesión de Fray Diego, o a pesar de todo ello, el caso es que tras drenar de los párpados muy inflamados una sustancia caseosa que le tenía los ojos completamente cerrados, y practicar una cuantas sangrías, purgas, lavativas y ventosas más; al cabo de un total de noventa y tres días de tratamiento, el Príncipe estuvo totalmente recuperado. No obstante, “su cerebro quedó bastante lastimado, notándose desde entonces cierto desorden y trastorno de ideas, que empeoró su carácter ya harto caprichoso, lo cual se observaba en sus acciones y en sus cartas, en las cuales, o invertía el orden de las frases o dejaba incompletos los períodos”. Su salud continuará siendo mala, pues dos años más tarde, a los 19 de edad y durante una nueva enfermedad, otorgará testamento.
Eran tiempos de esplendor para Felipe II. Se estaban consolidando los dominios que había adquirido de su padre Carlos V, un Imperio en el que, con el gobierno de las Indias y tras la anexión de Portugal en 1580, "nunca se ponía el sol". Las controversias del Rey católico con los protestantes franceses, las rebeliones de los Países Bajos o la amenaza del Islam, marcarían la pauta de su reinado. No podemos olvidarnos de los conflictos internos o sus diferencias con Italia e Inglaterra. El Príncipe Carlos, heredero de Felipe II, tenía una complexión débil y enfermiza, debida, posiblemente, a la consanguinidad de sus antecesores, lo que marcó toda su vida con un delicado estado de salud y una muerte temprana.
Fernando Ponte Hernando. Doctor en Medicina. Profesor de Tercer Ciclo. Universidad de Vigo. Luis Posse Vidal. Grupo de Estudios Históricos “Roberto Nóvoa Santos”.
Estando próximo el monarca Felipe II a contraer su tercer matrimonio con Isabel de Valois, el Príncipe Carlos, al no tener hermanos, era el único heredero posible de Felipe II. Esto hacía que su vida, su correcto desarrollo y buena formación humana, cultural, moral y de gobierno fuesen absolutamente esenciales para el futuro de España, sus Estados y la dinastía de los Austrias.
Carlos era hijo de Felipe II, entonces príncipe regente de Castilla que contaba sólo dieciocho años, y de María de Portugal, que fallecería a consecuencia del parto. Nace en Valladolid el 8 de julio de 1545 un niño raquítico y torpe, minúsculo, de piernas desiguales y giba ligera. Tuvo una complexión débil y enfermiza. Sus deficiencias, tal vez debidas a la “bárbara consanguinidad” de la que habló Marañón, entre los Trastámara, Avis y Habsburgo, hacían presagiar la fatalidad que le acompañaría el resto de su vida. Sus padres eran primos por doble vínculo y nietos de Doña Juana de Castilla, más conocida por Juana “la Loca”. En lugar de ocho bisabuelos, tuvo cuatro, y en lugar de dieciséis tatarabuelos, tan sólo seis.
Las atenciones de su padre, que tuvo frecuentes y largas ausencias durante la infancia y adolescencia de Don Carlos, en cuanto a su educación, fueron las que correspondían a un heredero de la Corona. Criado por sus tías, las Infantas María y Juana de Austria, y por su nodriza, Leonor de Mascareñas, su evolución fue lenta y algo retrasada, empezó a hablar, de forma defectuosa, a la edad de cinco años.
El Rey puso a su lado maestros ilustrados y virtuosos. Fueron los más notables, Don García de Toledo, hermano del Duque de Alba, y el humanista Honorato Juan, Obispo de Osma y discípulo de Luis Vives. Éste, fue nombrado preceptor el 3 de julio de 1554, cuando Don Carlos contaba casi nueve años. El entusiasmo que se desató en un principio se fue desvaneciendo al advertir que los progresos y la conducta del príncipe no eran los deseados. En éste sentido, se manifiesta Honorato Juan en carta enviada al Rey informándole: "Pésame en el alma que el aprovechamiento de Su Alteza no sea al respeto de cómo comenzó y fue los primeros años, que fue el que aquí vieron todos y allá entendió V.M.".
En la misma línea, Don García, en otra carta, dice al Rey: “En lo demás del estudio y ejercicios no va tan adelante como yo querría” y más adelante, “ como veo que con tenerme S.A. el mayor respeto y temor que se puede pensar no hacen mis palabras ni la disciplina, aunque le escuece mucho, el efecto que deberían”. Se ve que no gastaban excesivos miramientos con él.
Su carácter empezaba a dar muestras de una agresividad más que preocupante. Con pocos años, "un paje suyo cometió una falta leve y el Príncipe, rabioso, exigió que le ahorcasen en su presencia. Al negarse a hacerlo, Don Carlos rehusó obstinadamente la comida en términos tan alarmantes que, para satisfacerle, hubo que colgar un muñeco y hacerle creer que era el paje". En la Corte, sus extravagancias eran un secreto a voces y los embajadores venecianos daban parte en este sentido. Las atrocidades con los animales y su irascible temperamento no pasaban desapercibidos. A una tortuga suya le cortó la cabeza de un mordisco, y una de sus aficiones era asar vivos a los conejos que llegaban a la cocina y degollar a los gazapillos que le traían de la caza. Ante estas inclinaciones, el que su mascota preferida fuese un elefante que le había regalado Don Sebastián de Portugal no dejaba de ser una mera anécdota.
Cuando Carlos V se retiraba a Yuste en 1556, conoció en Valladolid a su nieto, al que ya no volvería a ver. Los informes que de él había recibido eran poco alentadores. La fascinación y admiración del Príncipe en tan esperado momento, no se vieron correspondidas por el Emperador.
El 22 de febrero de 1560 fue jurado solemnemente heredero y sucesor del Reino en las Cortes de Toledo. Como tal, pasaron a besarle la mano los Grandes de España y los prelados. Del mismo modo, Don Carlos juró guardar las leyes y fueros de Castilla, mantener la paz y la justicia en el Reino y preservar la religión católica. En dicho acto, nuevamente, el Príncipe, que se encontraba convaleciente de unas fiebres, débil, flaco y pálido por ellas, dio muestras de su carácter desconsiderado y atrabiliario. El Duque de Alba, que no le había besado la mano en el momento en que le correspondía, por haber estado afanado en dirigir todo el ceremonial y ocupado por ello en mil detalles, acudió a remediar su olvido. El trato recibido fue tan áspero y brusco que su padre obligó a Don Carlos a dar satisfacción al Duque, sin arrepentimiento alguno por su parte y quedando enemigo de éste en lo sucesivo.
El Rey, hombre severo y trabajador escrupuloso, consciente de su elevada misión, empezaba a considerar seriamente el desequilibrio mental de su hijo. Lo hacía con más disgusto que ternura y afecto, comprobando su desviación para adquirir las aptitudes y costumbres que él deseaba de su heredero al trono.
Utilizando la base de datos sobre inmunidad “Epitope”, se ha podido comprobar que las células T, que pueden detectar células infectadas por virus, son capaces de reconocer el sesenta y nueve por ciento de los marcadores en el virus H1N1
Madrid (18-11-09).- Las infecciones previas de gripe probablemente proporcionen alguna inmunidad frente a la actual pandemia de virus de la gripe H1N1, según un estudio del Instituto de Alergia e Inmunología de La Jolla en Estados Unidos que se publica en la revista Proceedings of the National Academy of the Sciences (PNAS).
Estos descubrimientos podrían ayudar a mitigar algunas preocupaciones sobre que el virus H1N1 es tan diferente de variedades de la gripe estacionales previas y que no existe inmunidad en la población.
Los científicos, dirigidos por Bjoern Peters, utilizaron la base de datos sobre inmunidad Epitope para comparar qué marcadores moleculares del virus de la gripe H1N1 podría ser similares a los marcadores moleculares de la superficie de las variedades de gripe estacional anteriores.
Los autores descubrieron que el sistema de defensa del organismo humano reconocía aproximadamente el 17 por ciento de los marcadores que comparte con variedades recientes de la gripe estacional sobre la superficie del virus H1N1.
Otras células inmunes, las células T, que pueden también detectar células infectadas por virus, reconocían el 69 por ciento de los marcadores en el virus H1N1.
Según señalan los investigadores, estos altos porcentajes de reconocimiento sugieren que una inmunidad preexistente en humanos y animales podría proporcionar una barrera contra las variedades pandémicas y ayudar a suavizar el impacto de la expansión de la infección.
Sin embargo, los autores concluyen que a pesar de esta posible 'ayuda' inmunitaria sigue siendo necesario contener los marcadores únicos que porta el virus de la gripe H1N1 sobre su superficie.
Un infarto cerebral provocó que el compositor francés Maurice Ravel perdiera su habilidad para crear música. Ocurrió en verano de 1933, mientras se bañaba en la localidad de San Juan de Luz.
Las secuelas tardaron unos días en manifestarse. Ravel, que no había dejado de componer nunca, de repente se vio silenciado por su propio cerebro. Podía apreciar la música y disfrutar de ella, como antes, sin embargo se veía incapaz de escribir música.
Seguía teniendo ideas musicales, se imaginaba canciones, conservaba su inteligencia musical, pero algo impedía que trasladara todas sus ideas a un lenguaje que pudiera comprender el mundo externo. Como si la música estuviera condenada a sonar sólo es su cabeza, para que nadie más pudiese disfrutar de su genio creativo.
En ese sentido, su caso era diamentralmente opuesto al caso de la sordera de Beethoven: percibía la música desde el mundo externo, pero no podía devolverla. Como si el cráneo de Ravel se hubiera convertido en un avaro gestor de la propiedad intelectual, tipo SGAE, que no permitirá emitir ni una sola nota previo pago de un canon.
Las ideas morirían con Ravel, se consumirían en la caja negra de su cerebro, y jamás serían compartidas.
El infarto también causó un daño irreparable en el dominio del lenguaje escrito de Ravel: su biógrafo cuenta que tardó 8 días en componer una carta de cincuenta palabras dirigida a un amigo.
Así pues, los neurólogos actuales creen que el infarto cerebral le había dejado intacto el hemisferio derecho, el emocional, pero había daño el izquierdo, concretamente los centros lingüísticos.
Una afasia musical que nos brinda un ejemplo de la modularidad básica de la mente: incluso una tarea aparentemente unificada como es la composición musical implica al parecer zonas especializadas del cerebro, un hemisferio para crear la melodía y la armonía, y otro para transcribirlas.
Hoy como ayer,
vivimos todos en territorios ordenados...
porque dependemos los habitantes,
de un poder central,
muy sofisticado,realmente,
con un clima que oscila,
entre invierno frío y
cálido en verano...
También llueve y respectivamente,
los ríos y los valles,mesetas,montañas,
se conservan verdes,espectaculares...
que frescos manantiales,
qué agradable, buen tiempo.
En una primavera magestuosa,
de pájaros cantar por las tardes...
como en la mañana el mírlo,
y por la noche el murciélago,
los encuentro maravillosos...
Hoy sopla el viento fuerte,helado...
Estoy en casa tranquilo,calmado...
sólo se me ocurre esto:
"que la muerte todavía,
no ha venido de nuevo a visitarme...
Pero llegará sin duda,
asín es."
Si en los comienzos del siglo XX hubo un personaje médico polémico, ese fue Alexis Carrel. "La calidad de la vida importa más que la vida misma". Es una cita suya que introduce de lleno en el análisis de su conducta personal y científica, cuyo objetivo fue el estudio de la verdad del ser humano. En 1912 recibe el Premio Nobel de Medicina “en reconocimiento a sus trabajos sobre sutura vascular y trasplantes de vasos sanguíneos y órganos”.
Dr. Ángel Rodríguez Cabezas De la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas y de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Dra. Maribel Rodríguez Idígoras Especialista en Medicina Preventiva y Salud Mental.
El científico
Si interesante, aunque polémica, resultó esta faceta de su vida, que se enmarca bajo la influencia de la tortura espiritual, no lo es menos la científica que revoluciona el mundo de la Cirugía, y que le hace ganar el Premio Nobel. El éxito de su carrera lo determina, siendo estudiante, el atentado que en Lyon, en 1894, sufre el presidente Sadi Carnot, al que asiste impotente junto con el equipo médico que le atendió, ya que la herida que afectó a un vaso importante fue mortal de necesidad y los cirujanos fueron incapaces de suturar rápidamente la vena porta, que había sido lesionada. Aquello alarma su inquieta mente científica de tal forma que le lleva a tomar seriamente la determinación de estudiar la técnica útil para suturar quirúrgicamente los vasos sanguíneos borde a borde. Localiza las agujas más finas, que le proporciona la famosa bordadora Madame de Levoudier, y empieza a practicar en todos los materiales posibles, incluso papeles de periódicos, para pasar a animales de experimentación. Logra depurar su técnica de tal forma que sutura, evitando la constricción y la infección, merced a su método que consistía en dar tres puntos equidistantes en el extremo de cada vaso, después de haberles dado la vuelta como a un calcetín, con objeto de que solo la cara interna de ellos estuviera en contacto. Logra hacer el "más difícil todavía" suturando venas cada vez más pequeñas, con una técnica colmada de exquisita habilidad y sedas de Alsacia.
En 1906 se incorpora al Instituto Médico Rockefeller de Nueva York donde realiza multitud de trasplantes de vasos sanguíneos y órganos enteros, verdaderas acrobacias experimentales anatómicas para la época, como, por ejemplo, extirpar órganos con sus vasos correspondientes y trasplantarlos en otro lugar del cuerpo del animal.
La importancia de su técnica permite pronto realizar intervenciones quirúrgicas en el hombre, tendentes a curar las cardiopatías congénitas, como la realizada en 1944 por A. Blalock y H. G. Taussig.
En 1912 se le concede el Premio Nobel de Medicina "en reconocimiento a sus trabajos sobre sutura vascular y trasplantes de vasos sanguíneos y órganos".
No termina aquí sus aportaciones a la Medicina. Durante la I Guerra Mundial inventó una solución antiséptica para la desinfección de heridas, la de Dakin-Carrel (mezcla de hipoclorito sódico, borato sódico, ácido bórico y agua), que salvó muchas vidas y que tuvo un gran implante en la práctica quirúrgica durante muchos años. En una historia en su vida que comienza cuando en la Gran Guerra sirvió como Mayor en la Armada Francesa, habiendo sido movilizado en 1914 y destinado a oficinas para realizar tareas burocráticas. Una vez que logró el traslado al Hôtel-Dieu de Lyon, se enfrascó en el estudio de la infección de las heridas de guerra. Centró su actividad en la búsqueda de un antiséptico eficaz. Con el apoyo del Instituto Rockerfeller y otras instituciones, comenzó el trabajo junto con el químico Henry Dakin (1880-1952).
Fruto de estas investigaciones en colaboración fue la famosa solución antiséptica (Dakin-Carrel) tan utilizada a partir de entonces en todas las heridas. Además de ello, Carrel confió en los principios de la bacteriología que comenzaba su caminar, para supervisar minuciosamente el progreso de la infección y determinar el tiempo de cierre secundario de las heridas. Es el "método Carrel" que se hizo famoso entre los cirujanos de guerra. Consistía en hacer un frotis de uno de los bordes de la herida, teñirlos y contar el número de bacterias. Esto, junto con la extirpación de todo material extraño y tejido necrosado, y la limpieza meticulosa y lavado con solución de Dakin-Carrel, produjo, en una época donde los antibióticos no había aparecido aún, una gran disminución en la tasa de mortalidad de los heridos y en la disminución de las complicaciones de las heridas de guerra.
Y en 1930 su espíritu inquieto le lleva a construir, junto con el piloto Charles A. Lindberh, el primer aviador que cruzó el Atlántico, una bomba de corriente sanguínea o "corazón artificial, o sistema de respiración estéril" con objeto de poder conservar los órganos de los animales de experimentación.
Finalmente en 1939 Carrel abandona los Estados Unidos de América y regresa -como todos de alguna forma lo intentan- a sus raíces.
Es en París, en 1944, donde le sorprende la muerte, dejando tras de si una obra en lo que lo anecdótico se hace profundo y trascendente, aunque tras su muerte su nombre se olvidó durante 45 años, hasta que fue rescatado por el Frente Nacional. Los franceses pensaron que sus ideas pesaban más que sus méritos científicos que le llevaron a obtener el Premio Nobel. Su nombre fue retirado de las calles de más de veinte ciudades de Francia, excepto Paris.
Esta es la historia de un científico cuya vida polifacética trascurrió en conductas extrañas y contradictorias.











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Lucy Hola Opino lo mismo que tu...es muy buena pero se puede mejorar,tienes razón. Saludos read more
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